LA HISTORIA DEL INCREIBLE VIAJE DE LOS DIECISÉIS ARHATS DE NALANDA

2006 Consejo de Lama Zopa Rimpoché...

En 2006, mientras el nuevo edificio público del monasterio de Nalanda estaba en construcción, Venerable Jean-François Bergevin, quien diseñó y trabajó sin descanso hasta completar el edificio, le pidió a Lama Zopa Rimpoché instrucciones específicas para el altar de la nueva Gompa. Rimpoché le aconsejó que tener las estatuas de los 16 Arhats sería muy beneficioso para la comunidad, y después de algunas indagaciones, resultó que Jonathan Partridge había realizado un juego de estatuas de los 16 Arhats dos años antes, en el centro Tushita de la FPMT en McLeod Ganj, al norte de India. Si traía ese juego de estatuas, el taller de Nalanda podría sacarle moldes para que otros centros pudieran adquirir estas obras de arte y, de este modo, recibir también las bendiciones.

En aquel momento, Venerable Yonten formaba parte de la comunidad de Nalanda como monje novicio desde hacía tres años, y también había recibido el permiso para tomar los votos de monje con ordenación completa (Gelong). La ceremonia estaba prevista para febrero de 2007 en Dharamsala, en presencia de Su Santidad el Dalai Lama, de modo que la participación de Yonten en esta historia surgió de la simple instrucción de Venerable Jean-François: “¡Yonten, ve a la India, toma la ordenación y tráete las 16 estatuas!”.

yonten 800x600
Venerable Yonten

Las estatuas hechas añicos...

Lo que Yonten descubrió en el Centro Tushita verdaderamente no era lo que esperaba. Las estatuas estaban allí, pero después de dos años de sufrir el clima montañoso de la India, con calor, frío y el monzón, bajo una lámina de plástico en la habitación de Lama Yeshe, su estructura de barro hueco había comenzado a desmoronarse. ¡Eran tan frágiles! Yonten comprendió que se enfrentaba a un verdadero desafío, mayor de lo que había esperado, ya que debía concentrarse, no sólo en la ordenación de su vida, sino también en el transporte seguro de las frágiles 16 estatuas (de 50 cm de altura y 5 kg de peso cada una) desde McLeod Ganj hasta Toulouse, Francia.

“¿Cómo empiezo? Fue mi primera pregunta”, recuerda Venerable Yonten. “Estoy en las estribaciones de la Cordillera del Himalaya, en mitad del invierno y sin la menor idea de cómo conseguir el material para este tipo de cosas, o de cómo van a sobrevivir las estatuas a semejante viaje”. Tenía poco tiempo: tres semanas en la India y a tan sólo dos semanas de su ordenación.

Organización del transporte...

El primer paso fue organizar los embalajes, que debían ser individuales para cada estatua, y protegerlas para un viaje de 12 horas a Nueva Delhi durante el invierno y por caminos impredecibles, así como para el transporte aéreo a Francia. Por supuesto fue necesario conseguir material de embalaje para forrar el interior de las cajas con la esperanza de que las estatuas no quedaran reducidas a pedazos al final del viaje.

Embalaje de las estatuas...

Afortunadamente, los carpinteros abundan en la India, y aseguraron a Yonten que hacer 16 cajas en una semana no sería problema. Una visita a un proveedor de láminas de plástico para construcción le dio la idea de utilizar espuma para calafatear para mantener las estatuas fijas y amortiguadas en las cajas. Sin embargo, haría falta encargar 12 latas de este producto a Nueva Delhi que serian traídas por mensajería... ¡Urgente! “Después, un paseo por el pueblo me condujo a una tienda de fabricantes de alfombras, así que entré y encontré una habitación llena de retazos de alfombras que me cedieron encantados. Eran perfectos para el rellenar el interior hueco de las estatuas”.

Sin embargo, India siempre será el país de lo inesperado. Una semana después, el carpintero no había comenzado aún a hacer las 16 cajas debido a una boda familiar; y al final de la semana siguiente, no había hecho más que comenzar. “Sí, fue en ese momento que empecé a preocuparme”, recuerda Yonten, “ahí y cuando las latas de aerosol de espuma llegaron sin ninguna boquilla de aplicación, y no había tiempo para encargarlas, a tan sólo 5 días para el viaje, además del rumor de que Su Santidad hubiera podido cancelar la ordenación en 2 días”.

Salida hacia Delhi...

En febrero, la noche antes de la partida, el invierno trajo la nieve. Yonten, como Gelong recién ordenado, tenía las 16 cajas y pasó toda la noche empaquetándolas, ayudado por tres personas. Durante el proceso, descubrieron que la única manera de conseguir que la espuma saliera de las latas de aerosol era encajar un bolígrafo viejo en la parte superior de la lata, lo que hizo más difícil conseguir que la espuma penetrara en los pequeños espacios de las cajas sin crear un desastre. Otro descubrimiento fue que los retazos de lana tenían una textura y un olor bastante extraño. Un examen más detenido reveló que habían sido la última morada de varias ratas en descomposición.

La noche siguiente, el 4x4 llegó a tiempo para el viaje de 12 horas hacia Delhi, que se haría durante la noche; pero resultó ser demasiado pequeño para cargar todas las cajas en la parte posterior. La única opción era amarrar dos de ellas en el techo, dejando la llanta de repuesto en la entrada.

“No podía pensar en otra cosa que en la reacción de Venerable Jean-François mientras escuchaba las dos cajas rebotando en el techo a cada bache del camino, cuando de repente el conductor comenzó a maldecir en Hindi”. ¡Un neumático pinchado! Después de sacar la rueda, las únicas palabras del conductor fueron: “Pase lo que pase, permanezca en el vehículo y no abra las puertas bajo ninguna circunstancia. Vuelvo en una hora”. Yonten lo vio desaparecer en la oscuridad. Después de al menos dos horas de preocupaciones y dudas, volvió a ver al conductor que rodaba la llanta por el camino frente a él. Por desgracia, una hora más tarde, ¡el neumático estaba pinchado otra vez! Segunda reparación, tercera partida, y a la mañana siguiente, temprano, Delhi apareció, dirección al aeropuerto comercial.

Después de dos días y dos noches sin dormir, las bendiciones de Su Santidad y un buen montón de purificación, preocupación y éxito, Yonten descargó las cajas en el área de carga del Aeropuerto Internacional de Nueva Delhi. Lo primero fue encontrar un mozo servicial con un carrito lo suficientemente grande como para llevar las cajas a la Aduana para la facturación, mientras daba las gracias, pagaba y dejaba marchar al intrépido taxista.

Práctica de la paciencia...

Una vez dentro del aeropuerto con aspecto de caverna, la primera pregunta del funcionario de la aduana fue: “¿Son antigüedades?”. A pesar de asegurarle que habían sido hechas hacía dos años por un australiano, ¡Yonten tenía que demostrar con documentos que no eran antiguas! Con el taxista en camino de regreso y sin posibilidad de obtener los documentos, la perspectiva de no poder avanzar ni retroceder parecía una posibilidad. El funcionario de Aduanas le aconsejó ir a la Universidad de Nueva Delhi con todas las cajas, encontrar una autoridad certificada en antigüedades que pudiera ayudarle a presentar los documentos pertinentes ¡para que las cajas pudieran salir de Madre India! “¡Oh, menuda purificación, otro desafío y no sabía ni por dónde empezar!”, recuerda Yonten. Después de mucho deambular, se encontró frente a la puerta del Jefe de Aduanas e Impuestos Especiales que resultó ser alguien que no tenia un día particularmente bueno y sin el menor interés por este monje budista inglés muy cansado y preocupado que se sentaba al otro lado de su escritorio. Definitivamente, en este caso, el poder de la oración no funcionó.

Desesperación y esperanza...

Totalmente desesperado, Yonten explicó la odisea en la oficina de envíos de Lufthansa que amablemente lo habían invitado a té y galletas, y por una increíble coincidencia, el encargado explicó a Yonten que si se quedaba a tomar más té, el Jefe de Aduanas e Impuestos Especiales terminaría su turno y sería sustituido por alguien que consideraba más amable y que sería más comprensivo. Así que después del té, de algunas oraciones más y de que el muy amable encargado de Lufthansa explicara la misión al nuevo jefe, una ráfaga de sellos rojos cubrieron los formularios cumplimentados por triplicado y las preciosas cajas podían ser finalmente cargadas. “¡Ah, la satisfacción de presentar al primer funcionario los formularios cumplimentados y firmados por el Jefe de Aduanas fue inmensa”, recordó Yonten.
Pero entonces... “El Funcionario de Aduanas tenía otro as bajo la manga, y ahora reclamaba mi documento de propiedad, después de haberle dicho que yo no era el dueño”. Así que, vuelta a subir las escaleras a por los ángeles de Lufthansa, que para ese entonces estaban realmente interesados por esta distracción de un día rutinario, y les pidió prestado un teléfono para llamar a Nalanda para que redactaran una especie de carta de titularidad y la enviaran por fax a la oficina de Lufthansa mientras se servía más té. De nuevo, la enorme satisfacción de presentarlo al oficial de aduanas y, acto seguido, contemplar la preciosa carga traqueteando en otro carrito adentrándose en las profundidades del almacén de salidas.

Llegada a Toulouse...

Los 16 Arhats llegaron a Toulouse antes que Yonten, y aún se ríe al imaginar la cara de Jean-François cuando abrió una caja, sacó una estatua y encontró el extraño relleno de alfombras que se desparramaban. Afortunadamente, después de todo, los daños en las estatuas eran reparables, y no habían sido reducidas a un montón de arcilla cocida en el fondo de cada caja.
Aunque parezca increíble, ¡los 16 Arhats permanecieron en sus cajas hasta 2014! Sin los conocimientos ni el dinero necesarios, esperaron siete años para su restauración, hasta que Cai, una española, salió a escena. Pero esa es otra historia...

Diez años después...

Incluso después de 10 años, Yonten aún se conmueve con su aventura:
“Esta experiencia es algo que recuerdo vívidamente. Definitivamente, una experiencia intensa de purificación, directamente conectada a mi ordenación y para brindarme la perfecta oportunidad de practicar la paciencia en abundancia. En aquel momento, estaba muy familiarizado con los viajes a India, pero en esta ocasión aprendí mucho acerca de transformar lo que parecía ser imposible en algo muy posible, a cada paso en la aventura. Nunca olvidaré la bondad inmensa de todas las personas que me ayudaron a traer estas preciosas estatuas a Nalanda”.

FaLang translation system by Faboba