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Biografía de Rangjung Neljorma Khadro Namsel Drolma

(Extraído de una entrevista con Khadro-la llevada a cabo por Venerable Roger Kunsang y que apareció en la revista Mandala, en agosto de 2008)

Ven. Roger Kunsang: ¿Puede decirme por qué abandonó el Tíbet?”

Khadro-la: “No tenía la intención, ni el dinero para viajar. Seguí una señal que vino en mis sueños. Había un autobús que hacía sonar la bocina indicando su partida, y hasta que subí al mismo no fui consciente de hacia dónde me dirigía. Supe por las otras personas del autobús que iba a Lhasa y de allí a Shigatse. Después de un par de días de viaje, me enteré de que también planeaban ir al Monte Kailash”.

Rangjung Neljorma Khadro Namsel Drolma, @ Ven Tenzin Namgyal“Un día, durante una parada en Shigatse, estaba circunvalando el Monasterio de Tashi Lhunpo cuando me topé con un anciano con la vestimenta dhoti tradicional de la India. Este completo desconocido me dio 2000 gormos. Me pidió que me sentara a su lado y comenzó a contarme muchas historias extraordinarias. Me dijo que la India estaba al otro lado de la montaña, y que debía encontrarme con Su Santidad el Dalai Lama y muchos otros lamas. Siguió aconsejándome que fuera a la India, y en ese momento no me pareció nada extraño, aunque ahora cuando lo recuerdo me parece increíble”.

“Hubo muchas dificultades. No tenía ninguna misión personal y sólo seguía a los peregrinos. No recuerdo con claridad la duración del viaje, pero hice quince koras alrededor del Monte Kailash y, debido a mis acciones inusuales y a las palabras que decía, empezaron los rumores acerca de que era una dakini. La gente comenzó a hacer fila para verme, incluso buscando mis bendiciones. Fue realmente agotador hacer frente a la multitud, pero un monje muy amable de un monasterio cercano se ocupó muy bien de mí, proporcionándome comida y bebida. Incluso organizó un sistema mejor para que la gente que venía a verme recibiera las bendiciones, etc. Muchas de esas personas expresaban su deseo de ir a la India conmigo. Una noche, de repente y sin ninguna discusión, decidí  partir hacia la India, y entonces, el hombre que era nuestro guía nos condujo a diecisiete de nosotros desde el autobús a través de la ruta que conduce a la frontera”.

“No tenía mucha experiencia y tardó diecisiete días en llegar a Katmandú, en Nepal. Algo que debería habernos tomado sólo siete días. Estábamos en tierra de nadie, y como no había verdaderos caminos ni personas a quien preguntar, era imposible saber si quiera si habíamos salido de Tíbet. Sólo teníamos que seguir las indicaciones que yo recibía en mis sueños. Cuando teníamos dudas sobre el camino, recibía la instrucción de continuar en dirección a donde aparecía un círculo de luz. Quizás era la bendición del Dalai Lama o de Palden Lhamo. Algunas veces tuvimos que caminar todo el día sin comida ni bebida, y otras tuvimos que hacerlo durante toda la noche. No estábamos preparados para un viaje tan largo”.


Llegada a la India

“Cuando llegué a Nepal, caí gravemente enferma a causa de una intoxicación alimentaria y no pude continuar con mis compañeros hacia la India. Tuve que permanecer en un centro de acogida en Katmandú, con vómitos de sangre, lo que hizo que el personal sospechara que tenía una enfermedad contagiosa. Me hicieron dormir fuera del edificio, en el campo. Estaba tan débil que no podía cambiar de posición. Cuando necesitaba moverme, utilizaban palos largos para empujarme hacia adelante y hacia atrás, porque tenían miedo de tocarme con sus manos. Como mi condición empeoró, el personal pensó que no sobreviviría, así que me preguntaron si quería dejar un último mensaje para mi familia y me pidieron la dirección para entregarlo”.

“Así que solicité que los monjes de un monasterio hicieran oraciones después de mi muerte y que cremaran mi cuerpo en un pico que, más tarde, descubrí se trataba de la colina sagrada de Nagarjuna, donde Buda había transmitido el sutra llamado Langru Lungten. Les pedí que recogieran mi orina en una botella y que se la entregaran a la primera persona que encontraran en la entrada de la estupa de Boudhanath. En ese momento me encontraba semiconsciente, pero fueron lo suficientemente amables como para hacerme este favor. La persona que recogió mi orina se encontró con un hombre en la entrada que resultó ser un médico tibetano. Examinó mi orina y diagnosticó que había sido envenenada por la carne, me recetó algunos medicamentos e incluso me envió unas pastillas con bendiciones. Mi salud mejoró considerablemente y tuve muchos sueños buenos. Cuando me recuperé, me enviaron al centro de recepción de Dharamsala, junto con algunas otras personas recién llegadas”.

"Llegué a Dharamsala no mucho después de que algunos monjes de mi pueblo hubieran discutido con el personal del centro... por eso tenían una impresión negativa de alguien que venía de la misma zona. En consecuencia, yo también me convertí en una víctima. Desde muy joven me habían preguntado si quería ir a la escuela o si quería aprender algún oficio. Mi respuesta fue muy directa y honesta. Dije que no tenía ningún interés en ir a la escuela ni tampoco quería aprender nada más. Cuando volvía a casa, siempre tenía el mismo intenso interés en servir a los  buenos meditadores, y por eso solía recoger leña y agua para algunos de ellos que vivían en los alrededores de mi pueblo. Ni siquiera sabía que los chinos habían ocupado Tibet y que por eso los tibetanos partían al exilio. No fui torturada por los chinos y nunca me faltó ni la comida ni la ropa. Mi único deseo era ver a Su Santidad el Dalai Lama, y como tengo el problema de que a veces me vuelvo loca, tan sólo quería saber por él si esto era algo bueno o malo. Era todo lo que quería, aparte de eso, solo quería regresar a mi casa”.


Obstácolos

“No pude obtener una audiencia con Su Santidad porque se me acusaba de tener una enfermedad que podía contagiarle. Algunos decían que estaba loca. Algunos incluso dijeron que debería dejar el centro o ser enviada a un manicomio. Incluso me habían prohibido ir a las audiencias públicas durante varios meses. En cambio, yo circunvalaba el Palacio del Dalai Lama todas las mañanas. Un día, escuché que Su Santidad volvía a casa, así que me escondí a un lado del camino para saludarlo. Cuando su coche pasó delante del Monasterio de Namgyal, vi una luz muy brillante que irradiaba de la ventana delantera del coche y  dentro lo vi a él ¡con muchas manos alrededor de sus hombros! Era la primera vez que veía a Su Santidad, salté hacia el coche para postrarme  y me desmayé, casi debajo del vahículo. Un hombre de mi pueblo me llevó de nuevo al centro y otra vez empezó la lluvia de regañinas. Pero creo que entonces, al ver a Su Santidad, sucedió en mí un cambio muy importante y nunca me enfadé con el personal. Pensé: “¡Oh! Tienen que ocuparse de tantas personas y, por supuesto, a veces se enojan”.

“A pesar de mis muchas peticiones, no pude obtener una audiencia con Su Santidad. En una enseñanza pública me las arreglé para encontrar un asiento. Cuando él llegó, escoltado por el personal de seguridad, fui poseída por el protector, y los guardias me sacaron del patio donde se impartirían las enseñanzas, diciéndome que permaneciera en la parte inferior de las escaleras. Me sentí muy triste pensando en el terrible karma que debía de haber creado en el pasado para que ahora ni siquiera pudiera ver a Su Santidad. La enseñanza comenzó con la recitación del Sutra del Corazón. Podía escuchar a Su Santidad cantando, y cuando dijo “no hay ojos, ni nariz, etc”, empecé a tener una sensación muy extraña. Cuando dijo “la forma es vacuidad,  la vacuidad es forma”, sentí una lluvia de rayos de luz sobre mí, que entraban por la coronilla y llenaban todo mi cuerpo. Sentí que me elevaba  en el aire. Tenía una fuerte sensación de alegría y de sentimiento”.

“Con el paso del tiempo, conocí algunos meditadores y entré en contacto con algunos grandes lamas como Kirti Tsenshab Rimpoché y Khalkha Jetsun Dampa. Recibí agua bendita de ellos y también trataron de ayudarme a contactar con Su Santidad de muchas maneras. Pero la cosa no avanzaba, y finalmente me resigné a volver al Tíbet. Estaba muy triste por no haber  podido cumplir algunas de las tareas que el viejo hombre de Shigatse me había encargado. Había algunas cosas importantes que debía hacer, como realizar una ofrenda de larga vida y alguna otra cosa secreta, y el tiempo se estaba acabando”.

“Informé a Kirti Tsenshab Rimpoché de mi decisión, pero insistió en que no volviera. Me dijo que veía en mí algo más importante que un oráculo; que podía ver algo especial en mí. Dijo que yo sería de mucha utilidad a Su Santidad y me aconsejó permanecer en Dharamsala. “Yo haré de puente de oro entre Su Santidad y tú”. Mientras le escuchaba, me preguntaba por qué tan gran erudito y alto lama hacía tales comentarios sobre mí. Poco después, y sin entender por qué, me fue concedida una audiencia, junto con otros recién llegados”.


Encuentro con S.S. el Dalai Lama

“Muchos de nosotros esperábamos con ansiedad. Vi a Su Santidad venir hacia nosotros, con mucha luz irradiando de él y muchos brazos, igual que lo había visto antes. En cuanto me puse de pie para hacer las postraciones, los guardias de seguridad me agarraron otra vez y me llevaron fuera. Tal vez me dieron patadas o puñetazos, porque encontré moratones en mi cuerpo cuando recuperé la conciencia”.

“Pero después de que Su Santidad concediera la audiencia a todos los demás, pidió ver a la mujer oráculo y me condujeron ante él. En cuanto fui hacia él, agarré sus pies y perdí el conocimiento de nuevo. Cuando volví en mí, Su Santidad me preguntó sobre mi casa y muchas otras cosas, pero yo me quedé sin palabras. Ninguna palabra salió de mí, estaba demasiado contenta como para poder decir nada. Más tarde pude contarle todo lo que el anciano de Shigatse me había dicho, y me escuchó hablar sobre mí y mis problemas. Me confirmaron como el oráculo del protector y Su Santidad me pidió que no volviera al Tibet. Me otorgó diferentes iniciaciones e instrucciones, y comencé a hacer los retiros que me había aconsejado”.

“La Oficina Privada me proporcionó una casa dentro del Monasterio de Namgyal. Es la misma casa en la que vivo actualmente. Fue en esa época en la que el maestro de la Escuela de Dialéctica fue asesinado por un grupo de adoradores de Shugden, y corrieron rumores de que yo también lo sería. Los monjes del Monasterio de Namgyal estaban muy preocupados por mi seguridad. Fue así que nos acercamos. En realidad, traté de rechazar su protección. Les dije que si mi destino era ser asesinada, entonces nada podría impedir que sucediera, pero si mi karma no era morir, los devotos de Shugden no podrían dañarme. Los monjes no me escucharon y me cuidaban continuamente. Como me encontraba muy débil físicamente, Su Santidad contactó con Kyabje Trulshik Rimpoché y me enviaron a Francia para un tratamiento. En aquel momento conocí a Lama Zopa Rimpoché. De hecho, ¡gracias a mi mala salud conocí a tanta gente!”.

“Durante mis retiros y prácticas han sucedido algunas señales buenas y he tenido también algunos resultados positivos, pero prefiero decir que son sólo alucinaciones. Cualquier cosa buena que sucede no es otra cosa que la bendición de Su Santidad. No soy mejor que el más pobre de entre los seres. Aproximadamente hace dos años, Su Santidad me aconsejó que siempre que tuviera la oportunidad, debía dar enseñanzas o cualquier tipo de servicio que pudiera entregar a aquellos que lo necesitan. Pero sé que no tengo nada que ofrecer a los demás”.

“Para ser honesta, en mi mente tengo la fuerte convicción de que el sentido de la vida consiste sólo en tener la realización de la bodichita y de la vacuidad. Aunque es difícil de obtener, mi principal deseo es conseguir una indestructible fe en estas dos creencias antes de morir. Si no puedo ayudar a la gente a generar estas cosas, nuestro encuentro no es más que una pérdida de tiempo. Aparte de esto, soy la más pobre desde las perspectivas interiores, exteriores y secretas. Lo mejor de mí es sólo que conocí el mejor Dharma, las mejores prácticas y los mejores lamas”.

Ven. Roger: “¿Cuándo fue la primera vez que sintió que era una dakini?”

Khadro-la: “Yo siempre pienso que no soy una dakini. No sé quién soy. Algunos lamas dicen que soy Khandro Yeshe Tsogyal, algunos dicen que soy Vajrayogini, y otros dicen que soy Tara. Deben ser sus propias apariencias puras. Yo creo que no soy nada especial. Cuando era joven, algunos decían que estaba loca. Otros decían que era una dakini. No lo sé. No me cabe duda de que tengo unas muy fuertes huellas kármicas del pasado, porque soy muy querida por Su Santidad y muchos otros grandes lamas del Tíbet y fuera del Tíbet. Algunos lamas del Tíbet, que jamás he conocido, me envían amor, respeto, buenos deseos y a menudo ofrendas y oraciones. Otra razón es que a veces las palabras para expresar la visión de la vacuidad salen de mi boca automáticamente, cosas que nunca he escuchado ni estudiado con anterioridad... aunque luego no puedo recordar lo que he dicho”.

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