Índice del artículo

Obstácolos

“No pude obtener una audiencia con Su Santidad porque se me acusaba de tener una enfermedad que podía contagiarle. Algunos decían que estaba loca. Algunos incluso dijeron que debería dejar el centro o ser enviada a un manicomio. Incluso me habían prohibido ir a las audiencias públicas durante varios meses. En cambio, yo circunvalaba el Palacio del Dalai Lama todas las mañanas. Un día, escuché que Su Santidad volvía a casa, así que me escondí a un lado del camino para saludarlo. Cuando su coche pasó delante del Monasterio de Namgyal, vi una luz muy brillante que irradiaba de la ventana delantera del coche y  dentro lo vi a él ¡con muchas manos alrededor de sus hombros! Era la primera vez que veía a Su Santidad, salté hacia el coche para postrarme  y me desmayé, casi debajo del vahículo. Un hombre de mi pueblo me llevó de nuevo al centro y otra vez empezó la lluvia de regañinas. Pero creo que entonces, al ver a Su Santidad, sucedió en mí un cambio muy importante y nunca me enfadé con el personal. Pensé: “¡Oh! Tienen que ocuparse de tantas personas y, por supuesto, a veces se enojan”.

“A pesar de mis muchas peticiones, no pude obtener una audiencia con Su Santidad. En una enseñanza pública me las arreglé para encontrar un asiento. Cuando él llegó, escoltado por el personal de seguridad, fui poseída por el protector, y los guardias me sacaron del patio donde se impartirían las enseñanzas, diciéndome que permaneciera en la parte inferior de las escaleras. Me sentí muy triste pensando en el terrible karma que debía de haber creado en el pasado para que ahora ni siquiera pudiera ver a Su Santidad. La enseñanza comenzó con la recitación del Sutra del Corazón. Podía escuchar a Su Santidad cantando, y cuando dijo “no hay ojos, ni nariz, etc”, empecé a tener una sensación muy extraña. Cuando dijo “la forma es vacuidad,  la vacuidad es forma”, sentí una lluvia de rayos de luz sobre mí, que entraban por la coronilla y llenaban todo mi cuerpo. Sentí que me elevaba  en el aire. Tenía una fuerte sensación de alegría y de sentimiento”.

“Con el paso del tiempo, conocí algunos meditadores y entré en contacto con algunos grandes lamas como Kirti Tsenshab Rimpoché y Khalkha Jetsun Dampa. Recibí agua bendita de ellos y también trataron de ayudarme a contactar con Su Santidad de muchas maneras. Pero la cosa no avanzaba, y finalmente me resigné a volver al Tíbet. Estaba muy triste por no haber  podido cumplir algunas de las tareas que el viejo hombre de Shigatse me había encargado. Había algunas cosas importantes que debía hacer, como realizar una ofrenda de larga vida y alguna otra cosa secreta, y el tiempo se estaba acabando”.

“Informé a Kirti Tsenshab Rimpoché de mi decisión, pero insistió en que no volviera. Me dijo que veía en mí algo más importante que un oráculo; que podía ver algo especial en mí. Dijo que yo sería de mucha utilidad a Su Santidad y me aconsejó permanecer en Dharamsala. “Yo haré de puente de oro entre Su Santidad y tú”. Mientras le escuchaba, me preguntaba por qué tan gran erudito y alto lama hacía tales comentarios sobre mí. Poco después, y sin entender por qué, me fue concedida una audiencia, junto con otros recién llegados”.

FaLang translation system by Faboba